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martes, 10 de marzo de 2015

Enero

Su madre siempre había deseado una niña con los ojos llenos de estrellas, así que cuando nació ella, con un agujero negro en el brazo izquierdo, apenas pudo contener su decepción. Mas, ¿qué podía hacer? Era su hija y tenía que quererla, fuera como fuera, así que se la llevó a casa y la colocó en su cuna, donde podía ver el techo lleno de pegatinas, formando una vía láctea fosforescente.

-Me gustaría que algún día llegaras a ser una de esas -susurró su madre, señalando los astros, deseando que ella pudiera entenderla realmente.

Y a su hija la llamó Enero, como el mes. Como la lluvia, el frío y la oscuridad, porque el agujero negro absorbía la luz que entraba por el gran ventanal de su habitación y los traviesos rayos de sol que querían lamer la piel de la niña. Su piel era por ello pálida como la luna y tenía los brazos llenos de lunares violetas cósmicos. Dos cortinas de pelo negro le cortaban los rasgos afilados como cristales, y aunque su madre trataba de recogerlas en trenzas a medida que iba creciendo, se rindió cuando cumplió los catorce.

Cuando tu mundo no brilla, poco a poco te vas hundiendo en cada pequeño golpe que te da la vida. Enero no entendía ni quería entender por qué era la única tan triste, casi tan triste como el espacio infinito. Su alma era fría como los cometas y su sonrisa de media luna se hacía ver tan a menudo como los eclipses completos. Odiaba su rostro de papel y por tanto jamás permitió que  la rebelde tinta de sus cabellos se borrase de sus mejillas o de su frente, mientras maldecía una y otra vez el agujero negro que le arrancaba con su vacío todo lo bueno que a ella se acercaba.

Sin embargo, un día se cansó. Se cansó de su vida de oscuridad escarchada y se limpió los cristales de la cara y el polvo de cohete de las manos y decidió cambiar sus suspiros sin aire por la calidez de una taza de café y azúcar en las manos. Se tiñó el pelo de explosiones de fuego y se delineó los ojos de kohl y sonrió con toda la boca, con el alma infinita que en ella habitaba.

Y la luz halló el camino hasta sus labios, y en sus dientes lunares se reflejó la luz del sol y al fin todos pudieron ver las estrellas en sus ojos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Escalofríos

Pensar en ti me produce escalofríos.

Eres como la lejana tormenta,
potente y hermoso, tal vez destructor.
No quiero fijarme más, no quiero
llegar junto a ti y perderme
en la tempestad de tu sonrisa, 
en el azul de tus ojos galácticos.

Eres como el dulce sol en un día de invierno,
sabes la manera de hacerme arder, 
de que florezca mi sonrisa como las flores en los otoños tardíos.
Pero si ahora las grises nubes te esconden,
no quiero que te marches, no quiero
que me olvides.

Porque tal vez... tal vez soy efímera,
tal vez mi sonrisa
no resista las cuatro estaciones
si no eres tú quien la cuida.

p.r.m

sábado, 31 de mayo de 2014

...

Es curioso como no te basta con robarme el sueño y dejarme toda la noche despierta pensando en lo que podría ser, sino que además pareces bañarte en esto. Y vienes y me dices que lo sientes porque eres consciente de que a mí se me derrama el corazón entre los dedos, pero el tuyo se lo bebe otra persona.

sábado, 22 de marzo de 2014

Intangible.

El frío que me corta las mejillas
y me hiela la lengua
no impide que te piense y te hable cada noche.

En mis sueños de insomne
logro creer que te tengo al lado
y que me sonríes como lo hace tu voz
por un teléfono entrecortado.

Eres imposible y lo sé,
no es un secreto que eres intangible como los suspiros,
pero me gusta pensar que eres mía.

Quiero probar las flores de tus labios,
y los kilómetros que separan tu piel de la mía;
besarte entre las piernas,

amarte con el tacto, como ciega;
y sonreírte genuina en las mañanas de hastío,
y cuando te sientas perdida y desolada
que te escondas en mis senos y no pienses más en nada.